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Elecciones 2019 y Ciudadanía 2.0

Comenzaba la campaña proselitista de 2015 cuando escribíamos los primeros apuntes (véase elecciones y ciudadanía 2.0) sobre cómo se desarrollaba un contexto político donde las redes hacían su debut oficial como un jugador importante en la campaña electoral.

En ese entonces, se modificaba así la estructura de candidatos y partidos, invitando al ciudadano a participar de otra manera, más efectiva a la hora de manifestar su opinión, pero a la vez otorgándole una responsabilidad implícita sobre la veracidad de la información que (en ese momento) no supimos manejar. Aún así, el cambio de paradigma respecto a 2011 era evidente.

Llega 2019 con conceptos ya masticados: prosumer, fake news, trolls, reputación online, virales, crisis 2.0, etc. La pregunta obligada es ¿qué tan diferente es el contexto 2019 del de 2015?

 

Los candidatos/partidos

 

Tal vez sea demasiado temprano para hacer conclusiones respecto a las estrategias de comunicación que plantean las campañas pero, aunque estamos lejos del plato fuerte de octubre, el desdoblamiento de algunas elecciones nos ha mostrado ciertos indicios.

  • FRECUENCIA: La saturación del contenido electoral que tuvimos en Facebook y Twitter hace 4 (incluso 2) años no es tal en la actualidad. Algún usuario de estas redes, despistado, podría decir que los candidatos han medido sus mensajes, priorizando la calidad en vez de la cantidad.
  • DIVERSIFICACIÓN: La realidad reside en una necesidad de diversificar su mensaje y redistribuir su inversión, en parte teniendo que adaptarse a los nuevos espacios sociales digitales: Instagram, Youtube, sin dejar de lado la publicidad en Webs y Aplicaciones.
  • PROFESIONALISMO: En parte se debe a un aprendizaje de los mismos equipos de comunicación que ya cuentan con mucho desarrollo. Es decir, ya no vemos un sobrinity manager y el trabajo profesional en esta esfera se ha ganado un lugar. Está saldada, a mi criterio, la deuda que se tenía sobre un análisis particular del comportamiento de los usuarios en las redes, sobre todo en cuestiones políticas.

Veremos si las campañas tendrán en cuenta la particularidad de cada red y cada público objetivo, para adaptar sus mensajes de acuerdo al medio tratando de mantener una estructura clara, coherente y adaptada a las extensiones de mensajes que permite cada uno de estos espacios.

 

Los ciudadanos

 

En el artículo de 2015 decíamos que formar un ojo responsable o, por lo menos, un criterio de lectura más profundo de los mensajes en la red, obligará a profesionalizar y perfeccionar el trabajo a conciencia en Social Media”.

Creo que esto último se ha logrado en un porcentaje, y los usuarios de redes sociales hemos desarrollado ciertas herramientas y experiencia que nos permiten hacer una lectura crítica de los contenidos en las redes.

Ahora bien, la capacidad de distinguir la información y la publicidad, de las fakes news y perfiles falsos, no ha sido utilizada con eficacia: pareciera que reconocemos cuando una información es falsa y, aún así, la compartimos con la intención de alimentar el monstruo. La inocencia del prosumer sin conciencia de sí pasó a una utilización de los mensajes que sean funcionales a sus deseos (posverdad).

Esta “ética” de las publicaciones personales en redes, es una cuenta pendiente, de la mano con una legislación que contemple la regulación de estas acciones.

Como punto positivo podemos destacar cierta iniciativa a hacer visible cualquier tipo de acción que los usuarios consideren importante compartir/informar/denuncia. Y hago hincapié en la consideración de cada usuario, dado que la importancia social o política de las publicaciones tiene distintos grados de análisis en los que no repararemos hoy.

 

Conclusiones

 

La experiencia sobre el nivel de exposición, durante todos estos años, de partidos y candidatos (y varias crisis 2.0 mediante) han orientado la actividad proselitista en redes a un trabajo cada vez más cuidado, pensado, planificado y organizado en y para las redes. Han entendido (como las empresas) que este espacio es de diálogo y el usuario lo siente como propio y con derecho a réplica.

Este aspecto es bastante optimista, pensando que estos espacios digitales han colaborado a disminuir la contaminación que otrora tuvimos de campañas electorales, tanto on como offline.

Los que aún debemos asimilar este espacio público y tomar consciencia de nuestros actos 2.0 somos los mismos usuarios: teniendo un lugar donde poder expresar posiciones políticas y electorales, el desafío es poder hacer un uso consciente de la información y las opiniones, para colaborar al sano ejercicio democrático 2.0.

Juan Nicolini
Social Media Manager
Agencia Interactúa


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